El duelo del emigrante

El duelo del emigrante

el duelo del emigrante

Todo el mundo conoce el duelo que hay que pasar cuando una persona querida fallece.

Pero en el mundo de la psicología existen más duelos. Y según su intensidad puede hasta llegar a necesitar ayuda profesional.

El duelo del emigrante o duelo migratorio es el sentimiento de tristeza que se experimenta al no poder vivir donde viven las personas que queremos.

Cuando nos vamos a vivir a otro país sabemos que nos vamos a perder acontecimientos importantes, pero no sabemos cómo reaccionaremos a ello. Llega la primera boda a la que no podemos asistir. Y el nacimiento del hijo de unos de nuestros mejores amigos. La graduación de tu hermano pequeño. Y cada momento perdido se va grabando en el corazón. Y llegan tus momentos importantes, que te gustaría compartir con los tuyos, pero no están. Presentas a tus hijos por foto. Celebras tus éxitos con mensajes por móvil. En esos momentos la distancia se hace infinita, una barrera insalvable que duele.

Necesitamos el mayor contacto posible

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A pesar de esto, nos podemos sentir una generación afortunada. Las tecnologías nos permiten estar más presentes que nunca. Vídeos y fotos son muy fáciles de hacer y compartir con las personas queridas. Incluso las videollamadas están hoy al alcance de cualquiera que tenga un smartphone.

Los vuelos tienen precios asequibles, permitiendo más escapadas que antaño, cuando la única forma económica de volver a casa era con largos viajes en coche.

Sin embargo, no siempre se puede ir cuando uno quiere. Y un video no sustituye un abrazo. Ni una foto una mirada de esas que llegan al corazón.

Un video no sustituye un abrazo, ni una foto ni una mirada de esas que llegan al corazón.

Y si es difícil perderse los momentos buenos, aún más complicado se hace cuando los momentos no son tan buenos. Especialmente delicado es el caso de una enfermedad grave. Esa incertidumbre de no saber si vas a llegar a ver con vida a ese ser querido. Esa angustia de no poder despedirte en persona.

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Pero no sólo es difícil para los que se van, también lo es para los que se quedan.

Ellos también sienten estar perdiéndose momentos importantes. Y sufren de ver que faltas cuando querrías estar.

Muchos de ellos también tienen que pasar su duelo, a veces incluso más profundo porque no tienen los estímulos de una nueva aventura como los que emigran.

Pero como todos los duelos, con el tiempo uno aprende a vivir con ello; con los años el dolor de las ausencias y los momentos perdidos no duelen con la misma intensidad, uno aprende incluso a disfrutar en la distancia. Uno aprende a querer, incluso más con la distancia. Y en definitiva, uno aprende a vivir en sintonía con la distancia.

 

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